viernes, 14 de septiembre de 2012

EL ONCE, LOS RETAZOS Y LA FALTA DE SUEÑO

Que buen dia fue hoy! casi primavera. Me quede un rato al sol a eso de las tres y pegaba lindo (!), tome un poco de color y todo. Voy a necesitar hacerme algun tipo de colchoneta comoda para la reposera; en cualquier momento me doy una vuelta por "Telas Mary" que siempre esta tan lleno de gente que no se puede creer, y eso que parece tan chiquito desde afuera.

Tambien podria darme una vuelta por el Once, siempre es una buena opcion; aunque, ya deje de pensar en la colchoneta y volvi a pensar en retazos. Amo los retazos y queria usarlos para algo, ya se me estuvo ocurriendo que hacer con ellos.
Si, la semana que viene me voy a caminar un rato la calle Azcuenaga. Desde que no vivo en el centro (hace como una decada) ir a un lugar como el Once se convirtio en una experiencia riquisima en sensaciones de todo tipo, mucho mas que cuando vivia cerca. Aunque no se trata de mas ahora o, menos antes, si no, de que cambio mi percepcion acerca del lugar; cuando era mas chica el Once muchas veces me deprimia, no siempre claro. No un dia de semana soleado y caluroso en pleno diciembre comprando regalos de navidad, en esos momentos me parecia mucho mas agobiante que deprimente, ponele. El Once nunca fue un lugar ligero, liviano, en lo que a mi respecta al menos. Siempre percibi su importante carga energetica? espiritual? Cierta tristeza soplando a la deriva en sobre sus calles...vaya uno a saber. Claro que esto que digo no es exactamente algo negativo, nunca me lleve mal con lo insondable (?) y el Once es insondable.
Desde que ya no vivo a unas veinte cuadras de ahi y mis visitas al barrio se producen exclusivamente en un horario comercial, todo me parece pintoresco y extraordinario. Cada calle y pequeño almacen, esa encantadora libreria antigua (que no me acuerdo sobre que calle esta, ya me la voy a cruzar); textiles, contadores, rabinos, viejitas haciendo compras con el viso sobresaliendo, apenas, por debajo de las faldas; hindues, coreanos y senegaleses de piel lustrosa ofreciendo su dorada mercancia por unos pocos pesos, ofertas, casa de cotillon, disfraces infantiles, piedras preciosas de fantasia y telas, claro, metros y metros de telas y retazos. Fascinante, todo fascinante, la semana que viene voy.

Los perros ladran. La siberiana de enfrente se llama Tomasa, lindo nombre, nosotros le deciamos Pomposa y ella nos daba bola igual (no suena tan distinto, cierto?) le deciamos Pomposa por sus aires al caminar (?) todo un personaje, al que le dio por aullar por lo bajo, mientras los demas ladran, que sera lo que pasa en la cuadra?
Nada, no pasa nada, le ladran a un pobre cuzquito blanco y negro que oso demorarse un poco en la cuadra equivocada; de paso, mande a callar a todo el mundo. Por el momento parece que me dieron bola, volvio el silencio (aunque silencio es una forma de decir ya que los pajaritos se empeñan en cantar a los gritos, pese a la oscuridad reinante). Aprovechando que el perrito parece haberse ido, y nadie volvio a ladrar, voy a intentar dormir nuevamente, me parece que esta vez lo logro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario